El miércoles se acabó el ramadán (dentro de 9 meses un montón de nacimientos, ya veréis) y el jueves fue el festival de Ganesha, así que nos dieron dos días libres, aunque algo encubiertos si resulta que el sábado tienes que dar las clases del jueves... en fin.
Ganesha es el dios máximo para la religión hindú. Es un elefante con cuatro brazos y una rata a los pies. Tiene un montón de reencarnaciones o simbolismos, transformaciones, etc y es el más molón, pero yo por mucho que pregunto no me acabo de aclarar (para simbología y explicaciones seguro que la wikipedia lo hace mejor...).
La historia es que como el jueves era su día grande (aunque el festival dura una semana), el miércoles estaba todo el mundo revolucionado comprando flores y haciendo puyas (llámese a las ceremonias religiosas), así que no se nos ocurrió nada mejor que aparecer en el mercado de las flores. Nada que ver con el de Amsterdam, pero toda una experiencia: montonera de gente rodeada de montones enormes de todo tipo de flores de infinitos colores. Entre empujones y fotos nos dimos el paseo y nos pusimos unas florecillas en el pelo (muy común también, colonia natural, aunque ya preguntaré si hay algún otro motivo para esta costumbre). Y el jueves allá que fuimos. La tradición manda comprar una estatuilla de Ganesha, hacer la ceremonia y luego tirarla al río/lago/mar. Los tamaños y florituras son variados, pero para algunas se necesita una grúa de obra... Con todo lo que contamina, después de muchos años y un par de drenajes del lago más cercano en los que apareció de todo, decidieron habilitar un espacio solo para este fin donde se reúnen todos durante estos días. Unas fotos para el periódico (nos plantaron una estatua y todo) y unos bailes con un niño mu salao.
Yo creo que puede ser que le pides que se vaya lo malo y le dejas que se lo lleve con el agua.
Lo que no nos gusta: que durante estos días no venden cerveza y hoy no nos hemos podido tomar el vermut de domingo tan merecido.
No se si Ganesha se llevara todo lo malo que te haya ocurrido en el pasado, pero después de meterte en ese agua te espera una fiesta de orto roto de lo más intensa.
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